LA QUINTA DA REGALEIRA en Sintra (Viajando por Portugal PARTE 2)

Prosiguiendo con nuestro viaje por tierras portuguesas, dejamos atrás la población de Tomar para dirigirnos hacia la capital, Lisboa.

Una vez en Lisboa visitamos Sintra y allí la impresionante y misteriosa Quinta da Regaleira.

Sintra es sin duda un lugar muy especial, y eso que en mi mente aún persistían prejuicios del pasado. Esos recuerdos ligados a monarquías exiliadas o a retiros veraniegos de clases adineradas y elitistas. Pero lo cierto es que dejando a un lado esos prejuicios personales, cuando ingresas en aquel monte y entre aquellos árboles, tienes la impresión de que cualquier cosa puede suceder, de que “lo mágico” es más fácil que exista y que persista en espacios naturales como el que tiene Sintra.

La Quinta da Regaleira es un lugar cuya verdadera historia comienza a finales del XIX y principios del XX. Una historia ligada a prácticas de grupos esotéricos decimonónicos, quizás masones, quizás rosacruces, quizás neotemplarios y cuyo elemento más singular sea su Pozo Iniciático, un lugar digno de servir de escenario a la próxima película de Indiana Jones.

También se conoce como el Palácio do Monteiro dos Milhões o traducido “de Monteiro el de los Millones, que hace referencia a Antonio Augusto Carvalho Monteiro, el que la mandó construir bajo unas directrices bastante precisas. ​

Carvalho Monteiro, se hizo ayudar por el arquitecto y escenógrafo italiano Luigi Manini para construir un palacio, jardines con lagos, grutas, multitud de pasajes subterráneos y diversas edificaciones que rememoran estilos arquitectónicos del pasado, repartidas por ellos, con distinta simbología esotérica.

La quinta se beneficia del microclima de la sierra de Sintra, cuyas casi permanentes nieblas contribuyen a dar un aura de misterioso romanticismo en el que Gustavo Adolfo Bécquer se hubiese inspirado para escribir alguno de sus cuentos.

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A finales del siglo XVII José Leite fue el propietario de una gran propiedad que englobaba a la actual Quinta. Y desde principios de XVIII fue cambiando de propietario hasta que en 1892 los barones da Regaleira venden la propiedad a Antonio Augusto Carvalho Monteiro, el cual, y hasta 1910 dio la forma arquitectónica actual a la finca.

Después de diversas vicisitudes, en 1997, el Ayuntamiento de Sintra la adquirió y recuperó para uso público y cultural.

Desde tiempos antiguos se conoce a la Sierra de Sintra con el sugerente nombre de “Monte de la Luna”. Un lugar de clara conexión cosmo-telúrica, evidenciando desde épocas ancestrales por el asentamiento del hombre con la finalidad de crear espacios donde la conexión Cielo-Tierra ayudase al hombre a trascender. Una gran floresta  de la que parece que fuese a salir un despistado druida quien armado con una pequeña hoz de oro fuese recolectando muérdago o  cualquier otra planta sagrada.

En esta sierra espectacular ya construyeron los moros una alcazaba en tiempos en los que la península era feudo del profeta Muhamad. De lo que hubiese antes, apenas hay vestigios que no fuesen más que difusos recuerdos casi mitológicos, perdidos entre las brumas de aquellos bosques primigenios.

Don Alfonso Henriques, el que sería el posterior primer rey de Portugal, Alfonso I, conquistó la villa a los moros y a continuación se la entregó a la Orden del Temple

¿Ha existido jamás agrupación místico-religiosa-militar más empeñada en asentarse sobre los lugares de carácter más místico y trascendente? De hecho, el blog “caminandoporlugaressagrados” podría hacerse siguiendo simplemente los enclaves templarios.

En estos bosques que tanto me recuerdan a los de la Herrería cercanos al Monasterio del Escorial se funda el primer monasterio Jerónimo de Portugal a finales del 1300 y siglo y medio después se crea el gran monasterio de Nuestra Señora de la Pena, que siglos después pasó a formar parte del turístico Palacio del mismo nombre. Recordemos los dos factores plenamente distintivos de la orden de los Jerónimos: uno, que es una orden exclusivamente hispánica, ligada a las monarquías de España y de Portugal; y dos su carácter austero, plenamente meditativo  y por tanto su afán de buscar lugares solitarios, aislados y “especiales” donde llevar a cabo su particular visión de “lo trascendente”.

Desde esos periodos tardo medievales y de los comienzos renacentistas que supuso la Edad Dorada Portuguesa materializada en el reinado del místico rey Manuel I, Sintra pasa a un discreto segundo plano, hasta el infausto 1755, momento en que se produjo la gran catástrofe lisboeta en la que tras un gran seísmo (el mayor que haya azotado a la península Ibérica) seguido de varios maremotos e incendios devastadores acabó con la vida de la capital portuguesa en la mañana del 1 de Noviembre, día en el que paradójicamente muchos antiguos portugueses fueron a reunirse con sus difuntos, y no precisamente a través de una ceremonia festiva religiosa.

Tras el Gran Horror de aquel cataclismo, los hombres y mujeres portuguesas volvieron sus ojos hacia el Monte de Sintra. El espacio sagrado que siempre había estado ahí, esperándolos. A partir de ese momento la Sierra de Sintra comenzó su transformación que la llevó poco a poco hasta el día de hoy.

En 1834 se extinguen las órdenes religiosas en Portugal, en un proceso desamortizador más o menos paralelo al que se produjo también en España, llevando al monasterio de la Pena a la ruina y a la zona circundante aparentemente con él…pero fue todo lo contrario.

En 1838, la monarquía portuguesa compró las ruinas y los terrenos del antiguo monasterio de Nuestra Señora de la Pena junto al conocido como Castillo de Moros. Reformó el monasterio, lo  agrando enormemente y lo convirtió en un magnifico palacio acosado hoy día por miles y miles de turistas.

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…y este gran palacio fue el que debió revitalizar la zona, haciendo que a partir de siglo XVIII, algunos magnates extranjeros comenzasen a instalarse allí junto a él. Los ideales estéticos románticos de algunos de ellos, vieron Sintra como un lugar ideal para vivir y para desarrollar arquitectónicamente construcciones en las que la evocación del pasado era una constante. A estos extranjeros pronto se fueron sumando acaudalados miembros de la sociedad portuguesa y de indianos procedentes de sus colonias, sobre todo de Brasil.

…y la Quinta da Regaleira forma parte en cierto modo de este proceso palacial por parte de la Alta Burguesía portuguesa.

A finales del siglo XVIII, la finca integraba uno de los puntos del Camino Sacro o de Cruces, que iba desde el pueblo hasta la cumbre del monte. La sacralidad de algunos lugares se pierde en la noche de los tiempos.

En 1892 la finca es adquirida por Antonio Augusto Carvalho Monteiro, uno de esos personajes enigmáticos de los que la Historia, a pesar de lo que pudiera parecer, está absolutamente repleta.

De padres portugueses pero nacido en Brasil, regresó a Portugal en su niñez y aquí llevó a cabo sus numerosos estudios y su vida profesional a cargo de las múltiples y lucrativas empresas familiares. Uno de esos riquísimos empresarios y filántropo que proliferaron en los países occidentales en base, unos, a la Revolución Industrial; otros a la Banca y otros a la explotación de recursos en la última fase colonial. Personajes, muchos de ellos, de patrones similares. En este caso, coleccionista, anticuario, bibliófilo y amante de la música. De hecho, su biblioteca particular llegó a ser una de las más importantes de Portugal, tan importante que tras diversas vicisitudes, acabó siendo adquirida íntegramente por la Biblioteca del Congreso de los EE. UU (la más importante y numerosa del mundo), donde se encuentra actualmente.

Este personaje fue el creador tanto material como ideológico de todo lo que se encuentra en esta espectacular y misteriosa finca. Y para ello contactó con el arquitecto y escenógrafo italiano LUIGI MANINI que supo materializar en la práctica las ideas estéticas de Monteiro, y sobre todo, su particular filosofía espiritual.

Estéticamente llevaron a cabo un revival plenamente romántico donde la Naturaleza lo dominaba todo y donde reaparecían los estilos del pasado medieval y renacentista.

La estética quedó marcada por el afán de recuperación de un pasado patriótico portugués excelso, que se correspondía básicamente con la Era de los Descubrimientos Geográficos portugueses. Estas ideas se vieron acompañadas por el trasfondo puramente personal, ideológico, religioso y espiritual de Monteiro.

¿Y cuál era este?

Pues el trasfondo “puramente esotérico” de finales del siglo XIX y principios del XX, donde se mezclaban ideas que a priori pudieran parecer diferentes pero que en realidad respondían a una misma mitología o concepción espiritual. Esta era la que venía desde los primeros tiempos del cristianismo, es decir, el cristianismo gnóstico, y que durante los últimos dos mil años ha ido resurgiendo en occidente bajo distintos nombres.

Es la misma línea de pensamiento y conocimiento espiritual y mágico que hizo surgir ramas como la cabala, la alquimia, la Orden del Temple y luego la de Cristo, y los más modernos rosacruces y masones…y de todo ello hay simbología en la Quinta, y no tanto porque haya una amalgama de todas ellas, no porque las unifique eclécticamente, sino más bien porque debió de conocer todo aquello que las unificaba, y las convertía en ramas de una misma Tradición.

La simbología de la Quinta bebe de toda la línea de la Tradición esotérica occidental. Desde un primitivo cristianismo gnóstico, pasando por un evidente neotemplarismo y un trasfondo alquímico hebreo y de la antigüedad egipcia, hasta más modernos remakes masónicos y rosacruces.

No se trata de un simple sincretismo, sino más bien del reconocimiento de una misma línea de conocimiento esotérico que se remonta hasta una remota antigüedad.

Las cruces se reparten por toda la Quinta como la cruz templaria en el fondo del pozo iniciático, o la Cruz de la Orden de Cristo en el pavimento de la capilla. La cruz como símbolo del esoterismo occidental.

Carvalho Monteiro tenía el deseo de construir un espacio microcósmico en el que incorporar todos los elementos simbólicos con los que comulgaba. Además de un afán por recuperar el pasado más glorioso de Portugal, de ahí el uso dominante del estilo neomanuelino ligado a la época de mayor esplendor internacional de Portugal, la época de los grandes descubridores.

El arquitecto Luigi Manini se hizo acompañar por el cantero Antonio Gonçalves y sus alumnos de la Escuela de Coimbra, junto a importantes escultores portugueses….y entre todos ellos crearon un particular universo simbólico.

Las dos piezas más visibles de la Quinta son el Palacio y la Capilla de la Santísima Trinidad, ambas en un evidente estilo neomanuelino. El resto hay que pasear para descubrirlas.

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Bajo la Capilla se sitúa la cripta, cuyo pavimento está diseñado con un ajedrezado en blanco y negro, de evidente simbología templaria. Un claro lugar de evocación mística de aquellos que ya no se muestran en este plano. Un lugar ya no litúrgico (como el superior) sino de personal experimentación meditativa. Y además, desde ella nacen pasadizos subterráneos hacia el palacio.

Los pasadizos son una constante a lo largo de toda la Quinta. Es evidente la importancia que se le ha querido dar a “lo telúrico” a través de una increíble profusión de pasadizos, túneles, cuevas, manantiales, cascadas…que articulan además una idea estética teatral, plenamente romántica donde la densa vegetación se alterna con terrazas, miradores, escaleras, desde las que aparecen bellas estampas pictóricas.

La vegetación y la piedra combinan a la perfección, haciendo que de la primera surja constantemente restos de la segunda  como las viejas piezas de una antiquísima civilización perdida. Sin duda el pintor Caspar David Friedrich hubiese gozado en este lugar.

En torno al palacio, los jardines aparecen ordenados y humanizados, pero conforme nos alejamos y ascendemos (porque esa es la esencia de la Quinta) todo se vuelve más salvaje, pero sin duda también más cercano a la divinidad. Unas divinidades que tienen también un “balcón” en el que las esculturas de algunos dioses antiguos, parecen proteger el conjunto, entre ellos el del necesario Hermes (el mítico Toth) referencia imprescindible (y recalco lo de  IMPRESCINDIBLE) de todo conocimiento sagrado espiritual y en parte esotérico. Sin él no existiría en occidente ni el más mínimo conocimiento sagrado “no dogmático”. A Hermes le acompañan también Dioniso-Baco, Orfeo, Demeter, o Hefesto…todas ellas divinidades de carácter absolutamente mistérico.

Y es en el bosque donde comienzan a surgir aquí y allá de manera aparentemente aleatoria los lugares “especiales” marcados con construcciones de distinto tipo. Toda la Quinta es un gran camino de peregrinación místico…o quizás varios. Algunos de ellos se sitúan sobre lugares energéticamente espectaculares. Da la impresión que algún experimentado radiestesista “marcó” alguno de los lugares donde construir, escenificar una simbología, donde realizar algún acto concreto, donde meditar o donde ofrendar, donde postrarse o donde recuperar el poder perdido.

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El denominado Pozo Iniciático es absolutamente espectacular. Una torre invertida que se hunde en las entrañas de la tierra y por la que se desciende a través de una escalera perimetral cargada de elementos misteriosos. Desde su boca, por la que aparece el Cielo de la Divinidad. Sus 139 escalones agrupados de quince en quince (marcados expresamente en sus paredes para que no se nos olvide la importancia de esto), sus nueve descansillos, sus veintidós nichos.

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El nueve de La Divina Comedia de Dante (con sus nueve círculos del infierno, del paraíso o del purgatorio), pero también de la mitología nórdica escandinava con los nueve mundos colgantes del Yggdrasil, de la Tetractys pitagórica o el Árbol de la Vida cabalístico, por citar tan solo algunos ejemplos del 9+1. O desde los 22 Arcanos Mayores del Tarot o las 22 letras del alefato hebreo.

El pozo fue usado casi con toda seguridad en modernos rituales masónicos de iniciación, aunque en realidad, la historia está repleta de agrupaciones que utilizaban la Cueva Arquetípica como elemento final de iniciación, desde los Misterios Egipcios, Griegos o Anatólios, los Pitagóricos,  los templarios…

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Energéticamente el pozo iniciático se sitúa sobre un vórtice energético más que interesante. El círculo de su base que rodea una rosa de los vientos y a una cruz patada templaria, parece incidir también mediante el uso de geometría sagrada en la importancia energética del lugar. Unas formas geométricas que, además de ser el emblema heráldico de Monteiro, parecen canalizar la exuberancia telúrica de lugar La Quinta también parece poseer otros puntos energéticos interesantes.

Al pozo se entra desde diversos sitios situados a tres niveles (alto, medio y bajo) y desde lugares muy concretos de la Quinta. Un lugar al que se desciende pero también por el que se asciende. La eterna dualidad del templarismo. Baja al interior de la tierra para poder ascender a lo más alto de los cielos. Una sima que desciende casi 30 metros debe tener su contraparte para que la equilibre. Y esa contraparte es la denominada Torre da Regaleira.

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Todo en la Quinta tiene distintas visiones, según desde donde se las mire. Eso pasa particularmente en la Torre, la cual al estar  construida sobre una terraza de terreno, por uno de sus lados aparece como tremenda torre, mientras si la miras desde atrás, apenas parece un simple balcón. Esto mismo también ocurre con el Zigurat, el cual, mirado desde el Portal de los Guardianes, pasa casi desapercibido. Este zigurat es un elemento arquitectónico muy particular, ya que en los momentos en los que se construyó la Quinta, la ciencia sumerilógica, estaba aún casi en pañales

Impresionantes son los híbridos y reptiloides, los Guardianes del Umbral, que están situados en el Portal de los Guardianes del que sale el túnel intermedio que nos lleva hasta el Pozo Iniciático. El nivel que simbólicamente refleja “el Corazón”.

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Pero hasta el Pozo se llega a través de varios puntos concretos, no solo desde el Portal de los Guardianes:

  • Desde la entrada superior que se abre al cielo.
  • Desde la zona intermedia a través del Portal de los Guardianes.
  • Y desde la zona inferior a través de dos puntos distintos: el Pozo Imperfecto y la Gruta de Oriente.

Además, una torre invertida y estéticamente perfecta no puede existir sin su complementario salvaje. Ese complementario es el conocido como Pozo Imperfecto. De factura más pequeña y cuya denominación más precisa quizás debiera de ser Pozo de la Imperfección, ya que el pozo no es ni perfecto ni imperfecto en sí mismo sino que es el ser humano al que acoge, el que puede trabajar en él su imperfección. El sentido último de cualquier trabajo espiritual y místico.

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El pozo perfecto y el imperfecto me recuerdan a la Gran Pirámide de Giza, en la que su Cámara del Caos y su Cámara del Rey, vendrían a representar lo mismo que estos dos pozos de la Quinta.

De Monteiro no se tiene la seguridad de que militase en ninguna orden de carácter iniciático pero lo que es evidente es que conocía el trasfondo que unía a muchas de ellas. Y de hecho, construyó su Quinta en el místico monte y bosque de Sintra, a los pies de Palacio de la Pena (antiguo Monasterio de los Jerónimos) al que el mismísimo Richard Strauss consideraba el mítico castillo donde se custodiaba el Grial.

La simbología puramente alquímica se hace visible en diversos lugares de la Quinta como en el relieve de un castillo con dos torres y llamas bajo él (el atanor alquímico) que se encuentra en una de las portadas de la capilla, en los ouroboros que aparecen en las Cocheras, o en la Gruta gótica de Leda, dónde Leda, con una paloma en sus manos es fecundada simbólicamente (o no) por un cisne que personifica a Zeus…una visión más antigua que el cristianismo convirtió posteriormente en el misterio de la Inmaculada Concepción.

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El palacio disponía en su planta superior de un laboratorio con un horno. Las posibilidades de que este fuese un laboratorio alquímico no son nada descartables. Y además, muy cerca de él, se encontraba la Sala Octogonal (reflejo de la Cúpula de la Roca de Jerusalén) y de reminiscencias tan templarias.

Las opciones para recorrer la Quinta son variadas. Cada cual debe elegir la suya, bien conscientemente o bien inconscientemente…dejándose llevar.

En definitiva, se trata de otro de esos escasos edificios plagados de simbología espiritual, creados por personas conocedoras del mundo esotérico, y a los que se puede sacar punta o encontrar significados ocultos o esotéricos, simbólicos, o numerológicos sobre casi todo lo que vemos y pisamos…y eso atrae al Ser Humano como mosquitos a la luz. La atracción de Lo Misterioso.

Un lugar que me recuerda un poco al Parque del Capricho en Madrid, por sus diversos hitos arquitectónicos, sus diversas grutas, sus varios lagos, fuentes y pasadizos subterráneos. O al Sacro Bosco de los jardines del Castillo de los Orsini en Bomarzo (Viterbo, Italia).

Este artículo, como todos los que escribo no pretende desvelar la totalidad de los misterios, simbologías o concepciones espirituales que envuelven a este lugar de misterios. Tan solo pretende, como siempre, espolear el aguijón de la curiosidad. Ejercer de cebo para que aquel que lo lea tenga el impulso de visitar este lugar espectacular, porque la experiencia propia es la única que vale en estas cuestiones…y en realidad en TODAS.

 

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