GAIA, UN SER IMPREGNADO DE DOLOR

Por un lado, Gaia, la Madre Tierra, la  divinidad plasmada en la Naturaleza planetaria, el planeta como ser vivo autoconsciente.

Por otro, el ser humano, supuesto dominador de este planeta. Aunque en realidad no sea más que una especie más de cuantas habitan este bello orbe sideral. Una más entre varios millones de las existentes aquí…y sin embargo, la más destructiva con diferencia. La única que destruye por el placer de destruir.

¡Cuánto daño ha causado el ser humano al planeta!

Somos un auténtico virus de destrucción. Somos la verdadera pandemia planetaria. Una pandemia que agrede continuamente a la Tierra como generoso ser divino que eligió ejercer de marco de experimentación de seres de bajísima vibración, y con los cuales es necesaria una constante transmutación de los efectos de su maldad…o de su inconsciencia.

Puede parecer pesimista pero yo creo que no hay lugar en el planeta que no haya sufrido en sus tierras una barbaridad que afecte a colectividades o a la Naturaleza. O que no sea el escenario de alguna atrocidad de envergadura contra algún ser vivo, ya sean bosques o ríos, matanzas de cetáceos o de focas, ya sea a través de la mano directa del hombre, ya sea a través de productos químicos genocidas de la vida o de detonaciones nucleares.

Y todo ello marca la impronta energética de esos espacios.

El planeta es un inmenso campo impregnado de negatividad, de horrores, de dolor y de miedo.

 

La Era Atómica

EE.UU. abrió oficialmente la era nuclear en el planeta…al menos en la Edad Contemporánea.

El mismo Julius Robert Oppenheimer, uno de los directores del Proyecto Manhattan estadounidense que desarrolló la bomba atómica a finales de la segunda guerra mundial, dejó varias frases para la posteridad, que como mínimo podrían calificarse de enigmáticas.

 

“Al utilizar por primera vez este tipo de armas nos alineamos con los bárbaros de las primeras edades”.

 

Se refería quizás a que genéricamente igualamos a los antiguos en salvajismo, o quizás iba más allá, dando a entender que en esa Antigüedad planetaria mal entendida y explicada, ya existió una tecnología similar a la que él, en la modernidad, estaba desarrollando para EE.UU.

Alguna frase similar insiste también en esta misma idea.

Pocos años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, Oppenheimer, respondió de una manera muy particular a una pregunta durante una conferencia en la Universidad de Rochester.

 

  • La bomba que se hizo estallar en Alamogordo, durante el proyecto Manhattan, ¿fue la primera en hacerse explotar? –le preguntaron

A lo que el doctor Oppenheimer respondió:

  • Bueno…, sí. En tiempos modernos, sí, claro.

 

Cuando hablaba de esta manera tan enigmática quizás se refería a aquello de lo que habla el texto hindú conocido como el Mahabharata (y también en el Ramayana), en el que se da a entender la existencia de armamento similar al nuclear en épocas tan remotas del hombre como hace más de 12.000 años, y a la existencia aún hoy día de lugares en el planeta donde la radioactividad sigue siendo muy alta como en el Desierto de Thar, al oeste del Jodhpur (en Rajasthan).

Realmente, el planeta tiene lugares en los que la sospecha de utilización de un armamento ultramoderno es francamente alta, en unos tiempos en los que supuestamente no existían más que espadas, arcos y flechas. ¿Anacrónico? Evidentemente. ¿Ciencia ficción? Quizás.

Explosión atómica

Una prueba o ensayo nuclear es la detonación de un arma nuclear con fines experimentales, enfocados las más de las veces al desarrollo de armamento.

Algunas detonaciones han tenido lugar con fines supuestamente pacíficos. Aunque para ello se haya dejado yerma y muerta, por cientos, o quizás miles, de años, una zona geográfica especifica. Alrededor de 30 detonaciones se han realizado para cavar pozos o construir canales o puertos artificiales, o bien para extraer combustible o gas subterráneo….

…Y esas son las pacíficas.

La detonación más potente de la historia moderna, la conocida como “Bomba del Zar” se realizó con objetivos puramente propagandísticos, ya que un arma de tan gigantesco calibre sería casi impracticable de utilizar contra un supuesto enemigo. Se trató de una bomba de hidrógeno desarrollada por la Unión Soviética y detonada en octubre de 1961 a 4 km de altitud sobre Nueva Zembla, un archipiélago ruso situado en mar de Barents, en el Océano Ártico.

Sin aparente peligro para el ser humano. Pero ¿Qué culpa tenían las focas y la misma Tierra?

Se pudo ver la detonación a una distancia de más de 1000 km, es decir, que si se hubiese detonado en el Estrecho de Gibraltar, un campesino de los Pirineos franceses, se habría quedado boquiabierto ante el fogonazo. Y a esa distancia aún se rompieron vidrios de gran grosor. Su radiación dio como mínimo tres vueltas a la Tierra y el calor desprendido pudo causar quemaduras de tercer grado a una persona a más de 100 km de la detonación.

¿Pudo influir de algún modo en el derretimiento posterior de grandes zonas del Ártico? Sin duda es indemostrable, pero desde luego, no fue un buen regalo para el Ártico.

Equivalente a más de tres mil veces la bomba “Little Boy” (la que reventó Hiroshima) y más de dos mil trescientas, la bomba “Fat Man” (la que hizo lo propio con Nagasaki), esta última de diseño sospechosamente parecido a los realizados por la Alemania nacionalsocialista.

No se tiene registro de la construcción de otra bomba de potencia semejante…pero vaya usted a saber.

Tengamos en cuenta que en el mayor accidente nuclear de la historia, el de Chernóbil en 1986, la cantidad de materiales radiactivos desprendidos al planeta fue aproximadamente el de 500 bombas de Hiroshima. Solo el suceso de Fukushima en 2011 se puede equiparar al de Chernóbil.

Pero todo ello no hubiese ocurrido si EE.UU. no hubiese detonado su primera bomba atómica el 16 de julio de 1945. Detonación que se englobaba dentro del denominado “Proyecto Manhattan”, que reunía todo lo relativo a la bomba de fisión nuclear, usada escasamente un mes después contra Hiroshima.

La primera bomba de hidrógeno, nombrada como Mike (siguiendo esa tradición tan norteamericana de poner nombres entrañables a aquello que no es más que barbarie y devastación), fue probada en las Islas Marshall, en noviembre de 1952.

En agosto del 63 se firmó un tratado para limitar la cantidad de pruebas nucleares.

¿Querría decir esto que el ser humano entró en razón?

Pues desgraciadamente no, ya que el tratado (no vinculante) permitió únicamente pruebas subterráneas, aunque las detonaciones atmosféricas continuaron. Francia continuó con sus pruebas nucleares atmosféricas hasta 1974. China lo hizo hasta 1980.

Es decir, la eterna mentira. Tratados que no obligan a nadie, y mucho menos si eres poderoso, aunque para otros países con menos poder, sus resoluciones si sean de obligado cumplimiento.

La última detonación nuclear realizada por EE.UU (subterránea) se produjo en 1992; la Unión Soviética paró supuestamente en 1990, el Reino Unido en 1991, y Francia y China en 1996. India y Pakistán las siguieron detonando hasta 1998.

¿Y qué ocurre que como son subterráneas no tienen efectos negativos? Es como la basura que se esconde debajo de la alfombra. Deja de verse pero no quiere decir que no exista.

Por lo general, la lluvia radiactiva no ha causado graves consecuencias a los seres humanos, a excepción de las bombas lanzadas contra Hiroshima y Nagasaki y la prueba termonuclear de Castle Bravo de 1954, de una potencia equivalente a 15 millones de toneladas de TNT…SI, HAS LEIDO BIEN.

Durante la explosión de esta última, realizada en las Islas Marshall, la lluvia radiactiva causó la contaminación de miles de kilómetros de océanos e islas tanto deshabitadas como habitadas, y produjo muchísimos casos de cáncer en los habitantes de esta zona del Pacífico, llegando a afectar incluso a la tripulación de un pesquero japonés, matando varios meses después a uno de sus marineros debido a la lluvia ácida. El barco aún se exhibe en Tokio como una muestra más de la peligrosidad nuclear.

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En 1946, poco después de los ataque nucleares a Japón, EE.UU. realizó dos detonaciones durante la Operación Crossroads (donde se utilizó cerca del 20% del arsenal de armas nucleares de la época) que tuvo lugar en el atolón de Bikini, en las islas Marshall, cerca de Australia.

Estados Unidos realizó un total de seis detonaciones antes de que la Unión Soviética detonase la Joe-1, su primera bomba nuclear, en agosto del 49.

Mientras los norteamericanos realizan sus pruebas en el Área de Pruebas de Nevada y en las Islas Marshall, los soviéticos efectuaron las pruebas principalmente en Kazajistán (además de las realizadas en Nueva Zembla, cerca del Ártico).

Durante la Guerra Fría tuvo lugar la gran mayoría de detonaciones nucleares.

Asimismo, existen naciones que disponen de un arsenal nuclear, pero nunca han realizado pruebas atómicas (demostradas), como es el caso de Israel, aunque la mayoría de expertos de la comunidad internacional sostiene que Israel tiene armamento nuclear.

 

Resumiendo

Hasta el año 2013, se han realizado más de 2000 detonaciones atómicas, incluidos los dos ataques nucleares que corresponden a los únicos usos de armas nucleares contra población civil.

Estados Unidos ha realizado, entre el 16 de julio de 1945 y el 23 de septiembre de 1992, un total de 1054 pruebas nucleares y dos ataques nucleares contra Japón. La mayor parte tuvo lugar en el Emplazamiento de Pruebas de Nevada y en las Islas Marshall, así como en otros diez lugares, entre los que se encuentran Alaska, Colorado, Misisipi y Nuevo México.

La Unión Soviética realizó entre 715 y 969 detonaciones, es decir, con una variable de más de 250 detonaciones…vaya exactitud y transparencia. La mayor parte en Semipalatinsk y en Nueva Zembla, además de en Kazajistán, Turkmenistán y Ucrania, es decir, alejaditos de Moscú ¡No vaya a ser!……

Francia ha efectuado 210 detonaciones, principalmente en Argelia, y en la Polinesia francesa…como se puede ver, también cerca de París.

Gran Bretaña realizó 45 explosiones nucleares (21 en territorio australiano, además de otras detonaciones realizadas conjuntamente con Estados Unidos). Para eso sirven las excolonias.

China realizó 45 detonaciones, la mayoría de ellas realizadas en la región de  Xinjiang. Casualmente esta región es la más alejada de la costa, y caracterizada por sus histórica aspiraciones independentistas, y habitada por una minoría étnica turco musulmana (los uigures) opuesta a la china (los Han). Una región a la que le está pasando un lastimoso proceso similar al del Tibet. Las minorías étnicas siempre son blanco de los más poderosos para llevar a cabo sus genocidios. Unos genocidios sospechosamente instigados desde instancias marcadamente oscuras.

Corea del Norte ha realizado (que se sepa) 4 pruebas subterráneas en su territorio nacional…peligrosísimas para el planeta (no como las más de mil realizadas por EE.UU).

India ha efectuado 5 o 6 detonaciones, en Pokhran.

Y Pakistán realizó entre 3 y 6 detonaciones, en Chagai Hills.

 

Es decir, cerca de 2400 detonaciones nucleares conocidas en tan solo cuarenta años.

Una auténtica barbaridad para el planeta.

 

Pero antes de la Era Atómica

Pero antes de entrar en la era nuclear, el ser humano ya había pasado su vida y su historia realizando atrocidades colectivas, sin entrar en maldades personales e individuales cometidas por individuos más o menos aislados o cuyas perversiones no han afectado a colectividades numerosas.

Guerras, invasiones, batallas, masacres, matanzas, cruzadas, hambrunas permitidas, genocidios, exterminios de colonización, pogromos…la lista es casi interminable.

El siglo XX comenzó con el genocidio de la población armenia dentro del antiguo Imperio Otomano. Un millón de seres, o más, fueron exterminados de la faz del planeta entre 1915 y 1923. aunque en realidad, la población armenia dentro del Imperio Otomano, comenzó a ser masacrada veinte años antes, en tiempos del último emperador Abdul Hamid II en lo que se conoce como las Masacres Hamidianas.

Aproximadamente en ese mismo periodo, la población asiria (o cristianos siríacos) también fue masacrada…y la griega.

Estos genocidios los conocía remotamente desde hacía muchos años, pero no fue hasta el año 2003 en que profundicé un poco en él. Ese fue el año en que Diamanda Galás, tremenda cantante de origen griego que editó el álbum “Defixiones, Will and Testament: Orders from the Dead”, en homenaje a los armenios, griegos, asirios y helénicos víctimas del genocidio armenio.

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Y poco antes de la Segunda Guerra Mundial  gran parte de la población kurda también lo fue, y entre ellos los Yazidies (de los que merece la pena hablar en algún momento).

Son bien conocidas las barbaridades nazis de la segunda guerra mundial, pero desde entonces el ser humano no ha parado de realizar actos equiparables.

En la China de Mao, entre 1958 y 1961, la denominada Gran Hambruna, provocada por el propio gobierno provocó no menos de 15 millones de muertos.

La Unión soviética de Lenin y sobre todo de Stalin masacró como mínimo a 20 millones de personas, a través de siete auténticos y sucesivos genocidios cometidos a lo largo de 20 años. La descosaquización (1919-1920), la hambruna del Volga (1921), la colectivización-sedentarización en Kazajstán (1930), la deskulakización (1930-1931), el Holodomor en Ucrania (1932-1933), la hambruna del Cáucaso del Norte (1932-1933) y el Gran Terror (1936-1938), en que se materializó el odio de una manera atroz.

…Pero ya antes, el régimen zarista había cometido auténticas matanzas sobre la población judía. Algo de lo que la historia de España es auténtica precursora desde 1391, año del comienzo de la infausta revuelta antijudía que se extendió por casi todos los reinos peninsulares, y que culminó con el Edicto de Expulsión de los Reyes Católicos en 1492.

En Camboya, el régimen de los Jemeres Rojos entre 1975 y 1979 exterminó cómo mínimo a dos millones de personas.

En las masacres de Ruanda la etnia hutu masacró a cerca de un millón de Tutsis en 1994.

En las guerras de los Balcanes, bosnios, serbios y croatas llevaron a cabo actos de auténtico genocidio y de “limpieza étnica”.

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En España, aunque no se han producido actos de genocidio sobre minorías étnicas en los últimos siglos, sí que existen algunas minorías étnicas (más bien comunidades de minorías marginadas) aunque no sean muy conocidas. José Manuel Miner Otamendi editó en 1978 el libro “Los Pueblos Malditos” (donde se habla de los Agotes del Valle de Baztán en Navarra, de los Pasiegos cántabros, de los Vaqueiros de alzada asturianos, de los Maragatos de León, o de los Chuetas mallorquines). Grupos sociales en desventaja frente a la mayoría, siempre proclives históricamente a ser absorbidos o, dependiendo de la falta de escrúpulos de los mandatarios particulares de cada momento, a ser eliminados sin piedad.

Puede ser tan solo una apreciación mía, pero las imágenes antiguas que se pueden encontrar de unos maragatos leoneses y de unos armenios, me resultan muy similares. De hecho, cuantas semejanzas tiene nuestra Península Ibérica con esa “otra” Iberia, la del Cáucaso. El territorio que antaño conformó los reinos de la Cólquida (la de Jasón y los Argonautas y el Vellocino de Oro), Iberia y Armenia…y que hoy día forman los países de Georgia y Armenia…mientras que la Iberia occidental, es decir, España y Portugal tenían su Jardín de las Hespérides y sus manzanas de oro. demasiados nombres iguales…demasiadas tradiciones similares, para que sea una pura coincidencia.

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Todas las guerras son espantosas…aunque algunas tengan más fama que otras.

Podríamos estar varias horas tan solo para nombrar los genocidios cometidos a lo largo de este siglo XX…

…Y de los siglos anteriores ya ni hablamos.

¿Os imagináis el dolor que queda impregnado en el mundo?

Lo realmente extraño es que existan en el planeta zonas donde podamos decir que “nos encontramos a gusto”.

Hace poco pude contemplar horrorizado imágenes de una guerra no del todo conocida, o más bien mal conocida. Es conocida más por su nombre que por lo que ocurrió allí. Y eso que nos afecta directamente como españoles. Me refiero a la Guerra española de África del primer cuarto de siglo XX, también llamada Guerra del Rif, Guerra de África o más exactamente Segunda Guerra de Marruecos, ya que la Primera se produjo a mediados del siglo XIX. Una guerra que movilizó a más de 100.000 soldados españoles y que produjo cerca de 30.000 bajas españolas. Lo cual no está nada mal, teniendo en cuenta que la población española de aquella época era unos 20 millones de habitantes. Infinitamente menor que la actual.

En ella se sucedieron algunos hechos que son de sobra conocidos para la Historia, pero que para la mayoría tan solo lo sean lejanamente en el mejor de los casos, por su nombre. “El desastre de Anual” o el “Desembarco de Alhucemas”, son sucesos bien conocidos, pero estoy seguro que para un 95% de la población española son prácticamente desconocidos. Si preguntas a una persona joven de cultura más o menos media y general…no sabría explicarte que fue lo que pasó allí ni por qué…y eso que no hace más de un siglo de ello, es decir, me estoy refiriendo a nuestro pasado más reciente.

Esas imágenes a las que me refiero no mostraban a despiadados nazis masacrando en campos de concentración a famélicos judíos. Ni a malvados yihadistas…

…Mostraban la espeluznante imagen de un grupo de siete soldados españoles posando alegres ante la cámara fotográfica…pero con la particularidad de que cada uno se retrató portando en sus manos la cabeza cercenada de un rebelde rifeño marroquí.

…y con la naturalidad de alguien que se está tomando una cervecita en una terraza veraniega.

Y eso me estremeció.

La siguiente imagen es impactante, así que puedes saltártela…

…Pero decidí incluirla ya que al fin y al cabo, ella fue la causante final de este artículo.

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Llegué a esa foto por casualidad intentando averiguar a qué cuerpo militar perteneció mi abuelo a partir de un antiguo retrato familiar.

Aquí le tenemos.

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Pero volvamos al tema que nos ocupa.

La maldad está inserta en los genes del ser humano. Y a la vez está incentivada por las élites que nos han gobernado desde siempre.

Somos hijos de dioses depravados.

Y su depravación es también nuestra depravación, aunque el siglo XX nos haya traído mayor sutileza en algunos aspectos de ella.

Se podría pensar que el ser humano es malvado por naturaleza. De eso ya han hablado ilustres filósofos a lo largo de la historia. Pero lo cierto es que en realidad el ser humano tan solo ansía vivir en paz, criar a sus hijos sin que estos mueran antes que él, y tener alimentos para engañar al hambre,  y un lugar donde dormir. Algunos dirán sin embargo, que es egoísta y avaricioso por naturaleza, pero ¿de verdad lo sería si no fuese incentivado hacia ello? ¿Dirigido hacia ello como un ratón por el flautista de Hamelin?

Diríase que seres que nos conocen muy bien, incentivan en su propio beneficio nuestras más bajas pasiones. Diríase que algunos dirigentes, dirigen la agresividad de aquellos a los que gobiernan, hacia grupos específicos. Las llamadas minorías étnicas son aquellas que no han logrado la constitución de estados independientes y tienen que sobrevivir dentro de otros ya establecidos.

Como es posible que en un momento de nuestra historia, de altísima tecnología y aparente evolución a todos o casi todos los niveles, existan…

Guerras devastadoras por cualquier rincón del globo,

hambrunas,

epidemias,

enfermedades salidas de la nada y expandidas con una rapidez inauditas,

esclavitud real para el Tercer Mundo y disimulada para el Primero a través de sistemas de deuda (hipotecas, compañías de seguros, préstamos bancarios, salvamentos bancarios, agencias de calificación económica, crisis económicas premeditadas…),

Tute-Papá noel y males del mundo

farmacéuticas que no producen fármacos que curen,

persecución de todo aquello que sí es natural y sano,

alimentos que no alimentan,

bebidas que nos enferman,

organismos internacionales carentes de la razón de ser con la que supuesta y utópicamente fueron creados,

un sistema sanitario que salvo excepciones solo protege a unos pocos,

sistemas generadores de miedo,

publicidad omniabarcante

la moda y sus espantosos ejemplos de vida,

las drogas, no solo las así denominadas sino también todas aquellas  permitidas como el tabaco o el alcohol,

los medios de comunicación de masas esclavizadores y otros sistemas alienantes,

religiones que enemistan,

algunas nuevas espiritualidades dirigidas por las élites para promover que nada cambie,

la obsesiva aparición de armas en nuestro día a día cotidiano,

el abusivo uso de la tecnología para fines lúdicos (alienación y abuso tóxico de las microondas),

el consumismo más tremendo, y lo que conlleva en cuanto a “consumir” el planeta, es decir, agotarlo hasta morir

el sistema educativo claramente antieducativo, incluido el acceso restringido a la educación superior universitaria tan solo para los más favorecidos,

el sistema de patentes que no favorece más que a los poderosos que pueden mantener económicamente la propiedad de las patentes y que además no permiten la liberalización de energías libres o tecnología que haría el bien de la colectividad,

la premeditada falta de valores, y su sustitución por otros valores que en realidad no lo son

el sistema de agotamiento general de los recursos planetarios,

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el agotamiento de las fuentes de energía no renovables y dominio absoluto de las renovables para que estas no generen libertad energética,

los falsos sistemas democráticos,

la contaminación más premeditada,

la xenofobia inducida

el afán por el separatismo, excepto si lo que se tiene que unir tiene un fundamento económico…

…y todo ello dominado por un pequeñísimo grupo de seres que dirigen como debemos de pensar, como debemos de vivir, a qué debemos aspirar, y en que no debemos ni de soñar.

Parece que la idea que unifica todo es la de tenernos entretenidos, débiles, sojuzgados y anclados emocional, psicológica y energéticamente.

En condiciones normales, la supuesta e intrínseca maldad del ser humano podría generar alguno de estos elementos, pero ¿todos a la vez?

Algo huele a podrido en el sistema que nos han dado para que vivamos y para que estemos entretenidos. Un sistema que no es más que una autentica máquina de generar dolor, odio, miedo y sufrimiento.

…y las consecuencias de todo ello quedan impregnadas en el alma del planeta.

Esperemos que Gaia sepa y pueda trasmutar todo este dolor.

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