Cementerio de los ingleses de Madrid (Tercera y última parte): La pirámide de Ekkehard Terchst

Del por qué algunos cementerios están construidos sobre lugares “especiales”.

Desde antiguo, muchos pueblos pensaron que la realidad que percibimos no era más que una más, dentro de las distintas realidades existentes. Y que los mundos intangibles en los que habitaban entre otros, los “espíritus”, se comunicaban con el nuestro en algunos lugares concretos…y en algunas fechas concretas.

Como si se tratase de varias ruedas dentadas del mecanismo de un antiguo reloj que comunican dos esferas cuando unos “dientes” concretos entran en contacto entre sí.

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La película de Tim Burton “La Novia Cadáver” cuenta de una manera especialmente bella, una historia de amor entre dos seres de mundos distintos. Y en la que las escenas se desarrollan a caballo entre un “mundo de los vivos”, gris, apagado, oscuro, triste y aburrido; mientras el “mundo de los muertos” es alegre, colorista y luminoso.

El Mundus Patet o “el mundo está abierto” hace referencia a los tres únicos días al año según los romanos, en que se abría la Puerta de los Infiernos que comunicaba el mundo subterráneo de los muertos con el de los vivos.

Esos tres días eran el 24 Agosto, el 5 Octubre y el 8 Noviembre.

De estos tres días es especialmente llamativo el 24 de Agosto, que el santoral cristiano dedicó a San Bartolomé, un santo especialmente unido a la orden templaria. Por ejemplo, la ermita de San Bartolomé en el Cañón del Río Lobos, en Soria, se encuentra frente a la boca de la Cueva Grande, un lugar con una tradición ciertamente muy parecida a la del Mundus Patet romano.

Esta idea probablemente esté basada en la costumbre etrusca, y luego romana, de enterrar en un hoyo (que posteriormente era tapado por una piedra) una semilla en el momento de realizar la fundación de una ciudad. Esto representaría una especie de  símbolo sagrado de fertilidad y prosperidad que con el tiempo perdió su función agrícola original… para pasar a ser algo distinto. Una apertura al mundo subterráneo.

El término latino lapis manalis o “piedra de los Manes” hacía referencia a dos piedras sagradas distintas utilizadas en el mundo romano. Una de ellas cubría la entrada al Hades, la morada de los muertos. Esta piedra se abría ceremonialmente tres veces al año, momento en el cual los espíritus de los difuntos (los Manes) podían comunicarse con los vivos.  La otra se usaba para invocar a la lluvia.

Los lapis manalis de cada población estaban literalmente sobre vórtices energéticos. Era la manera de asegurar la conexión de la ciudad con los otros mundos no físicos.

Esta piedra cubría el mundus Cereris, una oquedad que era la supuesta entrada al inframundo y que muchas de las ciudades de la península itálica tenían, no solo Roma. Este lugar también era conocido como “umbilicus urbis” u “ombligo de la ciudad”. Y  su función no era otra que la de ejercer de “Axis mundi”, de eje a través del cual los distintos mundos se comunicaban, y con ellos los seres que habitaban en cada uno de ellos.

El “mundus” romano se localizaba exactamente delante de la Curia, en el Comitium, el lugar donde tenían sus asambleas los patricios, pero también el lugar donde los augures llevaban a cabo sus predicciones. Y, como pasaba en el mundo griego, las sibilas y las pitias del Oráculo de Delfos, no llevaban a cabo sus oráculos en cualquier lugar.

En el Foro romano, junto al arco de Septimio Severo, está el Umbilicus Urbis de Roma, y por tanto, su mundus. Detrás del aparentemente tejadillo rectangular de chapa, vemos una especie de boca de alcantarilla de ladrillo de unos 2 metros de diámetro, con su perímetro parcialmente rodeado de mármol blanco.

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Macrobio, citando a Varrón, dice sobre estos días que:

“Cuándo el mundus se abre, es como si una puerta permaneciese abierta para los afligidos dioses del inframundo.”

El mundo romano tenía también otras festividades relacionadas con los muertos. Las más importantes eran las denominadas Lemuralia o Lemuria en la que realizaban auténticos exorcismos a los “larvae” o “lémures” que es como denominaban a los espectros negativos (el contrapunto negativo de los “lares” o espíritus protectores de la familia) para impedir que “tomasen posesión” de sus hogares.

En el calendario juliano esta fiesta correspondería también con tres días: el 9, 11 y 13 de mayo.

Aunque estos no eran los únicos días en que los romanos rendían culto a sus muertos.  Entre ellos, la “parentalia” que era una celebración privada en honor de los muertos de la familia, que se solían durar 9 días entre el 13 y el 21 de Febrero. El último día de la parentalia, es decir, el 21 de Febrero se celebraba la “Feralia” en el que se hacían ofrendas públicas a los muertos. Sin embargo, este día no era considerado malo ni peligroso, como sí ocurría durante el Mundus patet.

El culto a los muertos no debemos entenderlo estrictamente referido a los difuntos, sino más bien como aquellos días en que distintas realidades planetarias entraban en comunicación.

Para el mundo occidental católico actual, la festividad de Difuntos es el 2 de Noviembre, mientras que un día antes se celebra el Día de todos los santos. Y se celebra tan solo, desde mediados de siglo XVI.

En el mundo celta existe la festividad del Samhain que se celebra la noche del 31 de octubre al 1 de Noviembre, y es considerado tanto el Año Nuevo celta como de “apertura al otro mundo”. Para los druidas, precursores del mundo céltico, ese momento se celebraba entre el 5 y el 7 de Noviembre, y en ellas, los druidas, ejerciendo de médiums (Samhain de Samán o chamán) se comunicaban con los difuntos. Esta tradición desnaturalizada, es la que se ha convertido en el actual Halloween.

El hecho de que algunos cementerios estén construidos literalmente sobre vórtices energéticos es muy significativo de esta tradición.

Y ahora afrontemos el segundo sepulcro interesante.

El sepulcro de Ekkehard Terchst

Ekkehard Terchst es uno de los personajes más singulares y misteriosos de este cementerio.

Se trata del padre fallecido en 1989, de ese tan  exaltado como confuso ideológicamente, y antaño periodista, Hermann Terchst. Y digo confuso porque ¿Cómo se puede pasar de ser miembro del Partido Comunista de Euskadi a la más recalcitrante derecha? Solo él lo sabrá…Bueno él y Jorge Verstrynge, que siguió el camino contrario, empezando en el neo fascismo francés, continuó como Secretario General de Alianza Popular y terminando en un extraño Nacionalcomunismo.

Pues bien, el hombre de la sepultura es el padre de Hermann, y como se suele decir en estos casos… ¡de tal padre, tal hijo! ¿O quizás no?

Los datos que habitualmente se encuentran sobre él en las redes inciden en su pasado nazi pero quizás su vida sea bastante más compleja.

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En el cementerio británico hay bastantes casos de fallecidos ligados a labores de espionaje. Ekkehard Tertsch es sin duda otro de ellos. Como mínimo trabajó como doble espía, aunque mi intuición me dice que a pesar de su evidente pasado nazi estuvo bastante más cerca del mundo judío, de lo que las apariencias nos quieren decir.

Me explico.

Ekkehard Tertsch nació en Trieste en 1906. Una población hoy día de no más de 200.000 habitantes, y que por entonces no debería de tener ni la cuarta parte. De ella también procede la familia judía de los Morpurgo entre la que emparentaron los Bauer. Fue un diplomático y periodista austriaco, residente en Madrid desde 1943, fundador y director de la revista confidencial (insisto en lo de “confidencial”) Spanish Economic News Service, y corresponsal de varios periódicos austriacos.

Criado en Viena, donde se  doctoró en Filosofía en 1928, estudiando al mismo tiempo la carrera diplomática.

Comenzó su vida laboral como secretario del banquero e industrial vienés Hermann Oppenheim, presidente de la Unión Austriaca de Judíos y miembro de la Junta Directiva de la Comunidad Judía de Viena. Este hecho es muy relevante, pues en 1933, Tertsch se afilió al NSDAP (Partido Nazi), al que se ofreció como informante.

Sin embargo, la Gestapo sospechaba que Tertsch trabajaba también como “informante” para otros estados.

Curiosamente, en 1936, Tertsch dejó de trabajar para Oppenheim, pero antes de hacerlo, este le premió económicamente, lo que le permitió viajar a y establecerse en Inglaterra como marchante de arte durante un par de años, tras los cuales regresó a Viena y se incorporó a las SA hitlerianas donde alcanzó el rango de Sturmbannführer (equivalente a Mayor).

En 1940 ingresó en el servicio diplomático alemán como empleado en el departamento de Prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores, y como Jefe de Prensa en algunas embajadas alemanas. Debido entre otras cosas a los numerosos idiomas que dominaba, entre los que se encontraba el inglés, francés, croata, italiano y español.

En enero de 1943 fue destinado a la embajada alemana en Madrid como jefe adjunto de Prensa.

En agosto de 1944 fue detenido por la Gestapo tras el atentado contra Hitler del 20 de julio de 1944, que conocemos como la Operación Walkiria, como sospechoso de participar en el intento de golpe de estado, quizás por su relación con el capitán Josef Graf von Ledebur (conde de Ledebur), primo del primer marido de la esposa de Tertsch. La sospecha no se llegó a demostrar y aunque no llegó a ser ejecutado (como la mayoría de los sospechosos) tan solo fue recluido en el campo de concentración de Sachsenhausen (quizás por su poca afición a guardar secretos) y en mayo de 1945, tras concluir la guerra, fue liberado pasando a informar a los investigadores de la Sección de Crímenes de Guerra del ejército británico, sobre el campo de concentración cercano a Berlín en el que había estado retenido.

En el otoño de ese año, viajó a España disfrazado de sacerdote católico. En 1946 fundó Spanish Economic News Service, un boletín confidencial de  economía y comenzó a prestar servicios como corresponsal de varios periódicos austriacos y como asesor de las misiones diplomáticas de Austria en España.

En noviembre de 1952 falleció su primera esposa y tres años después contrajo matrimonio con Felisa del Valle-Lersundi (quinta marquesa de Guaimaro), hija del historiador y genealogista guipuzcoano Fernando del Valle de Lersundi, con la que tuvo tres hijos, el segundo de los cuales es Hermann.

En la lista de los nazis refugiados en España tras el colapso nazi sencillamente no aparece.

De hecho, en 1975 murió otro ilustre refugiado nazi en Madrid, Otto SKorzeny (liberador de Mussolini y buscador del Grial en suelo francés). Pero no era el único.

Entre los nazis más relevantes que se escondieron (con el beneplácito del régimen franquista) en España están: León Degrelle (jefe de los nazis belgas), Pierre Laval (jefe del gobierno colaboracionista de Vichy), Otto Remer, el general que salvó a Hitler en el atentado del 44; o los SS Gerhard Bremer y Anton Galler. Muchos de ellos ligados a empresas económicas en España, en las que blanquearon mucho dinero salido de las arcas nazis, entre ellas las empresas HISMA (especializado en el mundo agropecuario), ROWAK (en el mundo de los transportes y servicios) y SOFINDUS (dedicado a la minería y altos hornos, y a la química y farmacia).

Pero entre todos esos nazis, no figura Ekkehard Tertsch.

Además no olvidemos varios detalles: que procedía de Trieste (pequeña población con importantes familias judías); que trabajó para uno de los judíos más importantes de Viena…y fue premiado por él; que gracias a él, vivió en Inglaterra durante dos años y a su regreso a Viena se alistó en las SA, justo antes del comienzo de la 2ª Guerra Mundial; que ya la Gestapo desconfiaba de él; que fue acusado de participar en el atentado contra Hitler; y que penetró en España disfrazado de sacerdote, por lo que quizás sus relaciones con el régimen pro nazi del general Franco, no eran del todo amigables.

Debido a todo esto, intuyo que a pesar de su fachada y apariencia nacional socialista, sus intereses, quizás no fuesen tan claros.

Ekkehard Tertsch falleció el 30 de agosto de 1989 y sus restos reposan en el Cementerio Británico de Madrid…junto a muchísimos judíos.

Su tumba tiene un aire masónico, o cuando menos profundamente egipcia…pero la masonería fue perseguida duramente durante la Alemania nazi.

Los nazis no tuvieron demasiada querencia por el mundo egipcio excepto quizás Herbert Braum, el arqueólogo que buscó el Arca de la Alianza en Egipto, en nombre de la Ahnenerbe o “Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana”, una entidad oficial de la Alemania nazi, constituida formalmente en 1935 por dirigentes e ideólogos del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán para realizar y divulgar investigaciones con fines educativos en apoyo de la ideología nazi y en particular, de sus teorías relacionadas con la raza aria. Una entidad que acabó funcionando como un auténtico ministerio de esoterismo y que llegó a tener 43 Departamentos, entre ellos, muchos dedicados a distintos aspectos: folklore, tradiciones, arqueología, antropología, mitología, ocultismo, estudios raciales de línea teosófica, y facultades extrasensoriales. La Ahnnerbe fue la entidad que englobó “todo” el esoterismo nazi promovido con anterioridad por la Sociedad Thule, el grupo de iniciados, ariosofistas y anti sionistas que encumbraron a Hitler al poder total en Alemania.

La tumba de Tertsch es extraña y engañosa. Una pirámide conformada por trece piedras o rectángulos de mármol atrae nuestra mirada hacia allí. Pero ese no es el lugar de la sepultura, ya que esta se encuentra a los pies de esta. La pirámide “simplemente” es una especie de “escenario” que se encuentra detrás de la propia tumba. Y en su mitad hay una puerta ciega con una aldaba, que nos invita a llamar.

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La tumba se encuentra sobre un segundo punto telúrico importante del cementerio.

La primera vez que vi dicha tumba, mi mente tuvo una extraña asociación de ideas con el Monumento Funerario de José Canalejas en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid obra de Fernando Arbós y Tremanti (el mismo del Panteón de los Bauer), que “casualmente” también está construido sobre otro punto “de conexión entre mundos”.

Una puerta falsa es un elemento arquitectónico existente en las tumbas del Antiguo Egipto. Ellos creían que la falsa puerta era un umbral entre el mundo de los vivos y el de los muertos, y que a través de ella una deidad o un espíritu de un fallecido podían entrar y salir. La puerta falsa suele ser el punto principal de la cámara de ofrendas de una tumba, donde los miembros de la familia podían colocar obsequios para el difunto en una losa especial situada delante de la puerta.

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La mayoría de las puertas falsas se encuentran en la pared oeste de la capilla funeraria o cámara de las ofrendas porque los egipcios asociaban al oeste con la tierra de los muertos.

Por lo general suelen estar talladas en un solo bloque de piedra o en una plancha de madera o incluso pintada, y no están destinadas a funcionar como puertas normales. Una serie de jambas dispuestas en torno suyo, generaban la ilusión de profundidad. El Museo Arqueológico de Madrid tiene en su exposición, varias de estas. Las más habituales proceden del periodo predinástico y del Imperio Antiguo, en tumbas de la tercera a la sexta dinastías. Y tras el primer periodo intermedio su popularidad fue decreciendo, hasta que durante el Imperio Medio se comenzó a pintarlas en el interior de los sarcófagos, para que los difuntos pudiesen salir de él.

Estas puertas falsas también tienen mucho que ver con el Complejo de Zoser en Sakkara (III dinastía) en el que el faraón realizaba una ceremonia muy particular denominada Heb Sed o “Jubileo de los treinta años”. En este complejo, parte de sus construcciones eran solo fachadas, sin edificio detrás. Como si se tratase de un decorado de cine…y a través de ellas se creía que los espíritus accedían a nuestro mundo.

El mundo romano heredó esas creencias y las llamó Mundus Patet.

En fin, bastante dio de sí una visita de dos horas a un pequeño cementerio: telurismo, conexión entre distintos mundos, conspiraciones judías, nazis, espías, personajes rocambolescos, panteones misteriosos, antiguas tradiciones egipcias, algo de kabalah…y chascarrillos varios.

No quiero dejar pasar la ocasión de dar las gracias a David J. Butler, británico afincado en España, que conoce al dedillo los entresijos del cementerio; y a Julio, su amable jardinero, que a base de cuidar del camposanto, es también gran conocedor de la historia de este lugar.

Visitar este cementerio fue una buena excusa para hablar también de muchas “otras cosas”…pero no olvidemos que lo verdaderamente importante es “lo que hacemos en este lado del velo”…”o lo que dejamos de hacer”…y sobre todo “desde dónde lo hacemos”.

El lado del velo que traspasamos en el momento que decidimos encarnar.


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